jueves, 28 de noviembre de 2013

Creer o no creer

Muchas veces, normalmente cuando alguien se sienta conmigo con la intención de que le tire las cartas, me preguntan: “Pero… ¿tú crees en esto?“. Creo que esta pregunta es, al mismo tiempo, un reto para mí y la llave a mi forma de entender el Tarot. En mi opinión, no es necesario creer ciegamente en el Tarot para que una lectura de cartas sea algo interesante, provechoso o por lo menos una experiencia merecedora de unos minutos, pero sí es necesario estar abierto a esta experiencia. En este segundo caso, la simple curiosidad puede bastar para poder aprovecharla. Una concepción absoluta del Tarot a partir del creer como obligación invalidaría su uso para alguien inicialmente escéptico y sólo lo pondría al alcance de aquellos en los que encaje en su sistema de creencias. Tal y como yo lo entiendo, consultar el Tarot es como una suerte de juego con unas pocas reglas. La más importante de todas es poner encima de la mesa un tema que sea relevante para nosotros. No tiene por qué ser un problema o una preocupación: puede tratarse de algo que despierta nuestro interés, que nos hace fantasear sobre su posible evolución o que nos mantiene ilusionados. En definitiva, algo importante para nosotros en el momento presente. En este sentido, requiere cuanto menos un ejercicio de sinceridad por nuestra parte. Aunque no expresemos en voz alta el motivo de nuestra consulta. A partir de ahí, la lectura del Tarot es un tipo de comunicación entre dos personas, tan válida como cualquier otra que trate de explorar las sutilezas de las relaciones humanas y, a la vez, enmarcada por sus propias limitaciones. El Tarot puede ser una excelente forma, por ejemplo, para abordar una cuestión que hasta ese momento nos hemos resistido a considerar abiertamente. Un primer examen de la situación a partir de las imágenes que extraemos al azar y de la interpretación que hacemos al ligarlas con el tema planteado. Así pues, creo que la respuesta más sencilla que puedo dar a la pregunta del inicio de este post es: “Creo que el Tarot puede ser una experiencia interesante para todo aquel que quiera permitirse participar de ella”. Sin más. El resto corre de mi cuenta. Nos vemos los jueves en el Kaf Café.

El Tarot como juego

Para mí el Tarot no deja de ser un juego. Las 78 cartas de la baraja nos proponen un juego donde nos concedemos un momento de pausa en nuestra vida para adentrarnos en un ejercicio de introspección y reevaluación de aquellas circunstancias que nos han llevado hasta el Tarot y su intérprete. Pero, en cualquier caso, entiendo el Tarot como un juego a dos: consultante y tarotista se enfrentan al reflejo que ofrecen las cartas valiéndose de su capacidad de interpretación. Porque precisamente de eso va el Tarot, de enfrentar un determinado reflejo de nosotros mismos y/o del estado de aquellas cosas que nos preocupan y son relevantes para nosotros. La rica simbología de la baraja nos invita a aceptar el reto con creatividad y mente abierta. Independientemente del resultado de la tirada, nos invita a encajar el momento por el que atravesamos, a reconocernos en él y a hacernos fuertes en él para poder seguir adelante. A tomar perspectiva de nuestras circunstancias y, a partir de aquí, dar nuestro próximo paso con mayor libertad. El Tarot es un juego de interpretación, intuición y creatividad. Un juego especial, pero un juego al fin y al cabo. Os espero en el Kaf Café si, aunque sea por un rato, decidís andar este camino conmigo.